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Ataques de Pánico y Trastornos por Ansiedad


Ataques de Pánico y Trastornos de Ansiedad

Bienvenidos a nuestro sitio web. Si estás buscando algo de información sobre ataques de pánico o trastornos de ansiedad, esperamos que aquí encuentres lo que buscas. Si ya has sido diagnosticado con alguna de estas frustrantes condiciones, o si crees que puedes estar padeciéndolas, por favor no desesperes. Recuerda que los ataques de pánico son un fenómeno extremadamente común. ¡Te prometemos que no estás solo!

Una de las cosas más frustrantes sobre los ataques de pánico y de ansiedad es que quien las padece a menudo sabe que los temores que tiene no tienen lógica alguna, y sin embargo no pueden evitar que les aquejen. El objetivo principal de este sitio es intentar eliminar algo de este misterio, explicando el cómo y el por qué estas cosas tan extrañas (y aterradoras) te están sucediendo, así como también intentaremos ver algunos posibles tratamientos y maneras de aliviar estos síntomas.

Así es que, ¡comencemos por lo básico!

¿Qué es un ataque de pánico?

Se define un ataque de pánico como un momento de intenso miedo y angustia, que se presenta acompañado de una serie de síntomas físicos y cognitivos. Generalmente estos ataques se disparan por causa de un agente activador (llamado “disparador”), el cual se presenta súbitamente y crea un estado de ansiedad  y confusión casi instantáneo.

Aqui tenemos las clases de ataques de pánico:

  • ESPONTANEOS: aparecen sin advertencias en cualquier momento del día, incluso durante el sueño, sin un desencadenante aparente. En muchas maneras, esta es la forma más atemorizante de los ataques, ya que suceden sin advertencia alguna, y quienes las sufren no pueden siquiera intentar racionalizarlas o relacionarlas a un temor específico. La naturaleza aleatoria de estos ataques hace que a menudo sean confundidos con ataques cardiacos.
  • ESPECIFICOS: se presentan ante situaciónes o lugares específicos. Quien los sufre nunca tiene un ataque al estar ausentes estas condiciones, y se libera totalmente de los síntomas cuando está en ambientes cómodos para él o ella – por ejemplo: en su casa, a solas, o con amigos de confianza. Esto puede tener un efecto debilitante, ya que quienes los sufren pueden encontrarse haciendo demasiado para evitar estos disparadores, a menudo sufriendo grandes inconvenientes tanto para ellos como para sus seres queridos.
  • PREDISPUESTOS POR SITUACIONES: se observan cuando quienes los sufren notan experimentarlos más frecuentemente en determinadas situaciones. Por ejemplo, al viajar en colectivos o trenes. La persona puede no tener un temor o una fobia específica respecto del transporte público, ni tampoco los ataques ocurren siempre que estas personas aborden un tren, pero las probabilidades de que sí sufran ataques en esa determinada situación son por mucho mayores a las normales.

¿Qué síntomas acompañan a un ataque de pánico?

La descripción mas usual es la de sentirse paralizado, casi congelado. Tu mente se llena de pensamientos de paranoia y peligro, te sientes como si estuvieras en la línea de fuego. Al mismo tiempo, tu cuerpo experimenta otros síntomas, tales como taquicardia, palpitaciones, traspiras intensamente, sientes calores, te falta de aliento y sientes como si te asfixiaras. También puedes sufrir náuseas, mareos, dolores en el pecho, hormigueos y entumecimiento.

¡En otros palabras, las síntomas no son muy agradables!

Otra descripción muy común es la de sentirse como en un estado de irrealidad y despersonalización, es decir, haberse visto desprendidos de sus propios cuerpos. También aparecen ciertos pensamientos comunes, como lo es el miedo a la muerte o el sentirte como si te estuvieras volviendo loco.  Haz clic en la siguiente enlace para leer más sobre los síntomas de ataques de ansiedad.

La respuesta de lucha o huida

¿Y la fuente de esas sensaciones? Pues todos poseemos un mecanismo llamado respuesta de lucha o huida (“fight or flight response”) que colabora en nuestra protección. Este mecanismo activa químicos en el cuerpo (como la adrenalina) y acelera nuestro ritmo cardíaco, aumentando nuestra presión arterial. Todo esto nos permite reaccionar y actuar ante una situación de peligro, nos ayuda ya sea en prepararnos para enfrentar al sujeto (o evento) agresor, o bien nos da la reacción y el valor para escapar de esta situación.

Cuando esta sensación de peligro disminuye, los síntomas del mecanismo desaparecen, y el cuerpo vuelve a su estado normal. Sin embargo, en quienes sufren de pánico o ansiedades, la capacidad de volver a este estado normal se dificulta, y las actividades del mecanismo permanecen activas por un buen rato, acentuando los miedos, las angustias y la sensación de incomodidad, de alerta y de ansiedad.

La respuesta de lucha o huída es algo que nuestros cuerpos activan en pro a nuestra propia supervivencia. Los síntomas fisiológicos que una persona experimenta al tener un ataque de pánico son exactamente los mismos síntomas que hubieran sentido nuestros ancestros neandertales al regresar a sus casas luego de largos viajes de cacería, ¡y encontrar a un oso en sus cuevas! Es la misma oleada instantánea de energía nerviosa que vemos en una cebra al ver de pronto a un león, o en un gato atemorizado por un perro.

El mundo en el que vivimos es muy diferente al de nuestros ancestros – después de todo, las posibilidades de que seas atacado por un animal salvaje son (¡esperemos!) muy pocas. Pero el mecanismo de defensa de lucha o huída aún existe en nosotros, y para aquellos que sufren de ataques de pánico la situación NO NECESITA ser peligrosa para que este se active. Debatiremos algunos de los motivos de ello en la sección de Las Causas de los Ataques de Pánico.

Trastornos de ansiedad.

Los ataques de pánico/ansiedad a menudo son síntomas de un gran grupo de condiciones, conocido como Trastornos de Ansiedad.

Existen cinco trastornos (o desórdenes) de ansiedad predominantes, que pueden (y suelen) presentarse en forma conjunta o encadenada:

  • Trastorno de Pánico: es el temor a sufrir ataques de pánico espontánea y continuamente. Puede tener una intensidad severa, y sus síntomas a menudo son confundidos con los de un ataque cardíaco.
  • Ansiedad Social: es el temor a sufrir ataques en situaciones sociales, lo que significaría hacer el ridículo en público o pasar vergüenza, creando un estado de alerta permanente que, en fin, nos impide actuar naturalmente en reuniones y eventos con otras personas.
  • Trastorno de Estrés Agudo o Trastorno de Estrés Post Traumático: es la experimentación de situaciones de riesgo de muerte, ya sea personal o de otros, o bien de eventos peligrosos o amenazadores en forma extrema. A menudo son acompañados de ataques de pánico, pesadillas o remembranzas del evento en forma de sueños diurnos, como flashes.
  • Trastorno Obsesivo Compulsivo: son los pensamientos y comportamientos obsesivos e involuntarios que poseen formas de rituales, que se desarrollan en la vida diaria: la limpieza compulsiva de un objeto, el aseo personal excesivo, la repetición de ciertas palabras, etc.
  • Trastorno de Ansiedad Generalizado: es una excesiva preocupación, en un momento o a lo largo de meses, sobre eventos que incluso pueden no haber ocurrido. Lo sientes como una idea que te persigue, marcada por las preguntas de “y qué pasaría si…”.
  • Síntomas de los Ataques de Pánico

    Ya hemos descrito cómo los ataques de pánico son la manifestación del mecanismo de defensa de nuestros cuerpos – la respuesta de lucha o huída. Para comprender los síntomas de los ataques de pánico, necesitamos ver más de cerca lo que sucede en nuestros cuerpos cuando esta respuesta es activada.

    Tan pronto como una “amenaza” severa es percibida, nuestro sistema nervioso se pone en su “modo de emergencia”. Se libera adrenalina a chorros, y se acelera la respiración. Se eleva la presión sanguínea y la misma sangre fluye desde nuestro estómago y los demás órganos hacia aquellos músculos que más necesitaremos (como los brazos y las piernas), preparándonos para el esfuerzo ya sea de luchar o de huir tan rápido como nos sea posible.

    Esto es extraordinariamente útil si te hallas en una situación de vida o muerte. El problema está en que para algunas personas este proceso puede sencillamente ser activado en la fila del supermercado, al volar en avión, o cuando deben hablar en público. En estos casos, la respuesta de lucha o huída no es apropiada ni necesaria, pero estos cambios a nivel físico siguen apareciendo. Esto puede llevar a todo un amplio espectro de síntomas desagradables, a menudo incluyendo también los siguientes:

    • Un percato intenso de los latidos del corazón acelerándose, descriptos como una sensación punzante que puede ser sentida o “escuchada” en los oídos.
    • Palpitaciones.
    • Presión o incomodidad en el pecho.
    • Transpiración repentina a menudo que el metabolismo de tu cuerpo aumenta.
    • Temblores.
    • Boca seca.
    • Adormecimiento u hormigueo en las extremidades.
    • Náusea y/o necesidad de ir al excusado, causada por el flujo sanguíneo que escapa de tu sistema digestivo.
    • Falta de aliento o sensación de “sofocación”.
    • Pérdida del color de la piel
    • Escalofríos o calores
    • Dilatación de las pupilas
    • Pérdida de la audición
    • Pérdida de la visión periférica
    • Mareos
    • Sensación de perder el control y/o de tener un destino incierto.
    • Sentirse fuera de la realidad.
    • Despersonalización – sensación de estar fuera de tu propio cuerpo y de que no existes.

    Las secuelas de un ataque de pánico pueden dejarte sintiéndote física y mentalmente agotado por la experiencia. Algunos síntomas, tales como la sensación de irrealidad o de que tu cabeza está llena de aire (como un mareo) pueden persistir por bastante tiempo luego de haber terminado el ataque.

    Los ataques de pánico pueden ser en verdad terroríficos. Los ataques de pánico pueden desorientarte. En determinadas circunstancias, ¡los ataques de pánico pueden incluso ser terriblemente embarazosos! Pero más allá de esto, lo más importante a recordar es que estos son esencialmente inofensivos. ¡Nadie ha muerto como resultado directo de haber tenido uno! Asegúrate de recordar estola próxima vez que sientas que se avecina un ataque. Háblate a tí mismo. Reconfórtate sabiendo que no estás en peligro, y que la sensación que tienes pronto pasará.

    Por esto, la gran pregunta es esta – si la respuesta de lucha o huída nos ayuda a prevenirnos para no ser devorados por animales salvajes, ¿por qué nos afecta a tantos en esta sociedad moderna?

    Próxima página: Causas de los ataques de pánico

    Ataques de Panico: Causas y Disparadores

    No existe una lista específica de disparadores de ataques de pánico, debido a que ellos dependen de las características y percepciones de cada uno de nosotros. Pero podemos identificar algunas situaciones y condiciones que resultan comunes para muchas personas, como las que están aquí debajo:

    • Predisposiciones de largo plazo: estas pueden ser hereditarias (genéticas), aunque no en forma exclusiva. También pueden estar relacionadas a nuestra crianza, y son llamadas “factores ambientales”, tales como una visión particular del mundo que aprendimos de nuestros padres, que provocan estrés activando pensamientos y prejuicios negativos sin que siquiera sepamos el por qué de ello.
    • Causas biológicas: estas son: ansiedades generalizadas, desorden obsesivo-compulsivo, desórdenes de estrés post-traumático, hipoglucemia, hipertiroidismo, la enfermedad de Wilson, prolapso de la válvula mitral, feocromocitoma, perturbaciones del oído interno y la deficiencia de vitamina B: son factores biológicos, y pueden ser tratados.
    • Fobias: son estos intensos miedos que vienen de la exposición a ciertos factores.
    • Causas disparadoras de corto plazo: las pérdidas personales significativas, los cambios profundos en nuestra vida diaria, el consumo excesivo de cafeína, nicotina, marihuana u otros fármacos pueden ser disparadores.
    • Causas persistentes: pueden ser causas ambientales, pensamientos negativos constantes, tener una mala imagen de nosotros mismos, tener dudas constantes o creencias negativas, así como sentimientos retenidos o falta de asertividad.
    • Carencia de asertividad: cuando no tenemos agudeza en nuestros sentidos solemos tener un estilo comunicativo pasivo y evitamos la confrontación.
    • Medicamentos: los más habituales son la Ritalina, los antibióticos del tipo de fluoroquinolone y ciertos antidepresivos, entre otros.
    • Síndrome de abstinencia: tanto de sustancias legales como ilegales (drogas, alcohol, medicamentos con o sin prescripción).
    • Síndrome de hiperventilación: es la respiración del pecho y no del diafragma, la que causa hiperventilación y aporta demasiado dióxido de carbono a nuestra sangre, causando mareos y palpitaciones, entre otras.
    • Disparadores farmacológicos: causadas por ciertas sustancias químicas, tanto estimulantes como depresores (incluyendo la cafeína, anfetaminas y el alcohol entre tantos otros).

    Cualquiera de estos factores puede ser suficiente para producir un ataque de pánico en alguien que hasta ese momento ha vivido libre de ellos. En algunos casos el ataque puede ser un evento único, sin ser jamás repetido, pero en otros casos pueden llegar más ataques.

    Cualquiera de estos factores puede ser suficiente para producir un ataque de pánico en alguien que hasta ese momento ha vivido libre de ellos. En algunos casos el ataque puede ser un evento único, sin ser jamás repetido, pero en otros casos pueden llegar más ataques.

    Próxima página: Trastorno de pánico

    Trastorno de Pánico

    Los síntomas primarios de un trastorno o desorden de pánico son severos, como tener ataques de pánico recurrentes, y quien los sufre puede también experimentar un estado de estrés continuo y de constante preocupación sobre cuándo ocurrirá el siguiente ataque.

    Estas instancias de temor son conocidas como “ataques anticipatorios”, y pueden hacer que quien los sufre haga cambios significativos en su conducta diaria, pudiendo tener un impacto extremadamente negativo en su vida. Por ejemplo, una mujer que haya tenido ataques de pánico al hablar en público puede sufrir una ansiedad constante respecto de tener que hablar en las reuniones de trabajo, y puede llegar al extremo de evitar dar sus presentaciones, sin importar que su carrera sufra drásticamente como resultado de ello.

    La ansiedad anticipatoria puede ser mejor descripta como “un miedo al miedo”. En casos extremos, esto puede llevar al desarrollo de una agorafobia, lo que puede a su vez tener un efecto devastador en quien la sufre.

    Comprendiendo los trastornos de pánico

    Los sutiles misterios de la mente humana aún no han sido entendidos en su totalidad, particularmente cuando se trata de explicar cómo funciona el subconsciente. Sin embargo, e muchos casos de trastornos de pánico es por ello que la mente de quien los sufre se vuelve un tanto condicionada a reaccionar de forma tan extrema.

    Por ejemplo, si un hombre comienza a experimentar ataques de pánico al conducir su carro, entonces su mente subconsciente puede adiestrarlo rápidamente a asociar (erróneamente) el ambiente específico de su carro – el aroma de la tapicería, la sensación de la palanca de cambios en su mano, el ruido del tráfico afuera de la ventana – con un peligro extremo y amenazador para su vida. Por lo tanto, la próxima vez que este hombre se ponga tras el volante se hará más probable que su respuesta de lucha o huída se active y que le suceda un completo ataque de pánico.

    Cuando este proceso es combinado con la ansiedad anticipatoria, en lo que su mente consciente está esperando activamente que el ataque de pánico suceda, el hombre puede encontrarse atrapado en un ciclo difícil de romper.

    Otros factores pueden exacerbar la relación de los trastornos de pánico y las circunstancias de nuestra vida diaria – tanto aquella que elegimos como las que nos son impuestas. El estrés de la existencia moderna, ya sean relacionadas a las finanzas, el trabajo, las relaciones, la salud, las carencias y ausencias o cualquier otra cosa, pueden tener un enorme impacto en cualquiera de nosotros, y todos deberíamos hacer lo posible para reducir las exigencias físicas y emocionales a las que nos exponemos. Esto es especialmente importante si sufres de un trastorno de pánico, ya que los altos niveles de estrés y ansiedad dificultan mucho el tener bajo control a los ataques de pánico o a tener el temor de sufrir uno.

    Veremos algunas posibles formas de reducir el estrés y de aliviar los síntomas de un trastorno de pánico en un momento. Pero antes veremos brevemente otro tipo de trastorno de ansiedad – la fobia social.

    Próxima página: La fobia social

    La Fobia Social

    Imaginemos a los trastornos de pánico y ansiedad como un gran abanico, en el que cada palita representa un trastorno o crisis diferente. Uno de ellos es la fobia social, que básicamente es el conjunto de temores y ansiedades o angustias propias de cada persona, que siente disconformidad en situaciones sociales, por creerse desprotegido y a merced de amenazas y peligros.

    El Miedo.

    El miedo es una alerta con la que contamos para mantenernos a salvo. Es el encargado de identificar aquellos objetos, personas, situaciones o todo aquello que represente una amenaza a nuestra seguridad e integridad, y su presencia en nuestra vida es fundamental para evitar exponernos a peligros innecesarios. Sin embargo, cuando el miedo se presenta en formas y rutinas que están más allá de los límites normales, puede representarnos un verdadero obstáculo para nuestro desarrollo social normal, transformándose en fobias.

    Las ansiedades o el temor previo a conocer nuevas personas, o a reencontrarse con amigos o conocidos, incluso a la angustia que produce en la persona el mantener una conversación o un contacto visual directo con otra, han sido categorizadas dentro de un tipo de fobia particular, denominado “fobia social”.

    Tipos de Fobia Social.

    Se distinguen dos clases de fobia social:

    la fobia social general, caracterizada por el temor a llamar la atención y la constante preocupación por ser observado. Quien lo sufre, evita la interacción social, incluso se abstiene de comer o beber en público, de mantener un diálogo, de concurrir a espacios públicos como clubes, playas, bares y demás. A nivel laboral, la fobia social general es una de las principales causas de la permanencia en el puesto de trabajo actual, sin gozar de aumentos de sueldo o avances en la posición, por el miedo que le provoca a esta persona la confrontación con jefes y colegas. Dentro de este grupo se halla la agorafobia, un tipo de fobia social muy habitual en la actualidad.

    La fobia social específica, que afecta en especial a aquellos que por motivos generalmente laborales suelen ser el centro de atracción en situaciones sociales (vendedores, actores, artistas en general, profesores y otros semejantes), dificultando su comportamiento necesario, provocando tartamudeos, malestares físicos e incluso desmayos. Dentro de este grupo se ubica el reconocido miedo escénico.

    Síntomas propios de las fobias sociales.

    Por tratarse de un trastorno de pánico, el sujeto con fobia social sufre de iguales síntomas que en otras crisis de ansiedad, aunque algunos han de destacarse sobre los demás, tales como el enrojecimiento del rostro, el tartamudeo y la hiperventilación, que son los principales, y que a menudo son considerados como inocentes signos de timidez.

    Otros síntomas comunes en las fobias sociales son la sequedad en la boca, la excesiva sudoración, palpitaciones y taquicardias, e incluso se hace evidente el deseo de orinar o defecar.

    Inicios de las fobias sociales.

    No hay un inicio específico, sino que es propio para cada persona. Las fobias sociales se relacionan a una timidez no resuelta entre las edades de 3 y 7 años, y suelen desarrollarse durante la juventud, luego de la adolescencia.  En esta edad, en la que la pertenencia al grupo se relaciona íntimamente al desarrollo de identidad, estas fobias llegan a ser un verdadero obstáculo para las personas que las padecen, dificultando su completo desarrollo social y personal.

    Los desencadenantes o disparadores varían de persona a persona, tal y como en cualquier otro tipo de fobias y trastornos de pánico y ansiedad, pudiendo en ocasiones particulares ser identificados o individualizados, aunque en muchas ocasiones este no sea el caso.

    Lo que para algunos es timidez, para otros es una verdadera crisis, incluso entre quienes sufren de fobia social, hay situaciones a las que algunos pueden someterse mientras que otros se atemorizan siquiera de enfrentar. De cualquier modo, estas situaciones y sensaciones son manejables, y tan sólo debes aprender cómo hacerlo. ¡Ánimo!.

    Próxima página – Prevención de los Ataques de Pánico

    Prevención de los Ataques de Pánico

    Bien, ya hemos hablado sobre los ataques de pánico, y ya comenzamos a entenderlos. Ya es buen momento de hablar de cómo evitar o prevenir los ataques de pánico y ansiedad.

    Virtualmente cualquier tipo de ataques y crisis de ansiedad y pánico tienen múltiples tratamientos tanto para la eliminación como el control de los síntomas y disparadores, ayudando a las personas a  vivir una vida plena.

    Sin embargo, hay muchas actividades y conductas que cualquier persona, tú, yo y todos podemos llevar a cabo para evitar el sufrir de pánico y ansiedad.

    Evitar la ansiedad y el pánico.

    Ante todo, pensar en ti mismo en forma positiva, tanto como persona así como ser social, es fundamental. Debes pensar lo mejor de ti, y sería ideal que aprendas a aceptar, si este fuera el caso, que los síntomas son un hecho, y que puedes lidiar con ellos y aprender a manejarlos, y no a la inversa.

    Consejos útiles.

    Hazte un chequeo médico – pide a tu doctor que te practique un examen completo, para eliminar las dudas sobre posibles condiciones biológicas que puedan causarte ataques de pánico y ansiedad. Haz todas las preguntas que quieras y, de ser necesario, solicita terapia psicológica para aliviar tus dudas y sensaciones negativas.

    Aprende a respirar – Respira desde tu diafragma, no desde tu pecho, a un ritmo lento y regular. Tu estómago debería hincharse en cada inspiración. De este modo, evitarás sobrecargar a su torrente sanguíneo con dióxido de carbono, y evitarás así mareos y hormigueos en tus extremidades.

    Busca distracciones – En cuanto te sientas a merced de ansiedades y dudas, ocupa su mente en otras cosas. Busca una actividad que te de placer, que te distraiga: toma un paseo, sal a andar en bicicleta, arma un rompecabezas, habla con un amigo o con un desconocido; canta y baila en tu living o practica algún deporte: lo que te ayude a relajarse y librarte de pensamientos negativos funcionará. Puedes aprender nuevas actividades o hobbies que mantengan tus manos y tu mente ocupada, de modo de evitar caer en pensamientos de “y si…”, y eliminar los pensamientos viciosos sobre ti mismo.

    Ejercítate – La práctica de ejercicios y actividades recreativas estabilizan tu sistema cardiovascular y tu balance químico y hormonal. Mantenerte saludable y ejercitarte te ayudará a liberar sustancias como la endorfina (¡la droga natural de la felicidad!), lo que te ayudará a sentirte más feliz y satisfecho contigo mismo.

    Relájate – Toma clases o aprende técnicas de relajación y meditación simples, que puedas aplicar en cualquier momento en que sientas que estás comenzando a sufrir alguna ansiedad o pensamiento negativo.

    Aliméntate sanamente – Trata de evitar la cafeína, la nicotina, el alcohol y otras sustancias nocivas para tu cuerpo (como la marihuana, los estupefacientes y otros).

    Come sanamente – Asegúrate de mantener una dieta balanceada que tenga muchas frutas y vegetales.

    Evita el consumo de fármacos – Medicamentos y fármacos tales como los beta-bloqueadores, los sedantes y los ansiolíticos pueden ayudarte, aunque debes de consumirlos sólo si tu médico lo haya ordenado. De lo contrario, podrían ocasionarte un daño mucho mayor.

    Y, por último y muy importante – Date una recompensa por tus logros, no dejes pasar la oportunidad de enorgullecerte de tus avances, sean pequeños o inmensos.

    Próxima página – Tratamientos para los ataques de pánico.

    Trastornos de Pánico y Ansiedad: Tratamientos

    Los trastornos de ansiedad y de pánico son muy habituales en nuestros días, y existen múltiples y variadas terapias y tratamientos al alcance de todos nosotros. Estos pueden ayudarnos a eliminar o manejar fobias y ataques, o bien pueden asistirnos para aprender a controlar estos trastornos, de modo de vivir una vida plena y cotidiana sin obstáculos.

    Claro está que la selección de estas terapias debe ser tomada a conciencia, y siempre con el aval y la recomendación de un médico experto, puesto que la automedicación y el tratamiento incorrecto podrían aumentar los síntomas, o incluso podrían empeorar nuestra situación.

    Tratamiento Mediante Terapias.

    Terapia Conductual Cognitiva.

    Es la forma de terapia de mayor aceptación y efectividad para ataques y trastornos de pánico y ansiedad, y para agorafobia o fobias sociales. Esta terapia se centra en los patrones de pensamiento y de conducta, que suelen ser los disparadores de las fobias y las crisis de pánico y ansiedad.

    En este tratamiento el profesional nos ayuda a identificar las situaciones o elementos (incluso pensamientos) agresivos y nocivos, para que aprendamos a manejarlos o eliminarlos, mediante un análisis en forma más positiva. Para ello, el terapeuta nos ayuda a reconocer que las probabilidades de que algo verdaderamente desastroso nos ocurra son mucho más pequeñas –en ocasiones: nulas- de lo que antes considerábamos. Asimismo, el profesional nos ayuda a individualizar estas situaciones e identificar la raíz del problema, de modo de aprender a manejarlo de la forma más conveniente: respirando profundamente, repitiendo una palabra o frase positiva (casi como un mantra) u otra manera que considere propicia y útil para nosotros.

    Terapia de exposición.

    La terapia de exposición se basa justamente, y como su nombre así lo indica, en exponernos a las sensaciones de pánico en un ambiente controlado y seguro. El objetivo de este tratamiento es que aprendamos a confrontar y manejar estas emociones y sensaciones, mediante diversas técnicas. Esta es, a menudo, la terapia escogida para el tratamiento de la agorafobia.

    En la terapia de exposición el terapeuta puede pedirnos que realicemos diversas actividades o conductas: que nos hiperventilemos o respiremos velozmente, que sacudamos nuestra cabeza de lado a lado o que mantengamos el aliento sin respirar; estas actividades causan sensaciones similares a las provocadas por los síntomas de un ataque de pánico o ansiedad. De esta forma, aprendemos a lidiar con las mismas, y con cada exposición nuestro temor a tal sensación disminuirá, hasta desaparecer eventualmente.

    Tratamiento Mediante Medicación.

    Las terapias con la ayuda de fármacos y medicamentos deben ser escogidas sólo bajo el estricto control médico, y se utilizan únicamente en casos severos.

    Antidepresivos: Se utilizan para ataques de pánico y ansiedad severos. Actúan a partir de algunas semanas de tratamiento, y deben ser administradas en forma continua, no sólo durante los ataques o trastornos.

    Benzodiazepinas: son drogas anti ansiedad (o ansiolíticos) de rápida actuación. Se toman durante el ataque para aliviar los síntomas, aunque su utilización debe ser cautelosa, puesto que son altamente adictivas y pueden causar síndromes de abstinencia.

    Beta bloqueadoresA menudo utilizados por músicos y actores para calmar sus nervios antes de una presentación, los beta bloqueadores funcionan bloqueando los receptores que controlan nuestro mecanismo de respuesta de lucha o huída. Pueden reducir los temblores y colaboran a mantener el ritmo cardíaco bajo control. En otras palabras, reducen los síntomas de la ansiedad, pero no la ansiedad en sí misma.

    Símil Tratamientos de Auto Ayuda.

    Hay muchas actividades y conductas que podemos poner en marcha, ya sea para aliviar nuestros síntomas o bien para evitar sufrir ataques:

    Aprender sobre el pánico: saber a lo que nos enfrentamos nos ayudará a comprender la situación, y nos permitirá afrontarla en una forma más positiva y realista.

    Evitar la nicotina y la cafeína: ya sea en bebidas, cigarrillos u otros productos que las contengan. Estas sustancias pueden aumentar las posibilidades de sufrir ataques.

    Aprender a controlar la respiración: debemos evitar la hiperventilación y respirar desde el diafragma, hinchando el estómago al hacerlo. De esta forma evitaremos sentirnos mareados y fuera de control.

    Practicar técnicas de relajación: las técnicas de relajación nos ayudan a controlar el cuerpo y a enfocar nuestras energías, para así poder concentrarnos en la recuperación antes que en la desesperación y el miedo. Si te suscribes a nuestro bóletin electrónico abajo, recibirás unos tips y estrategias para ayudarte con esto.

Depresión Psíquica y Ataques de Pánico


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IAM – Infarto agudo del miocardio


Psicología – Redes Sociales


Las redes sociales son estructuras sociales compuestas de grupos de personas, las cuales están conectadas por uno o varios tipos de relaciones, tales como amistad, parentesco, intereses comunes o que comparten conocimientos.

El análisis de redes sociales estudia esta estructura social aplicando la Teoría de Grafos e identificando las entidades como “nodos” o “vértices” y las relaciones como “enlaces” o “aristas”. La estructura del grafo resultante es a menudo muy compleja. Como se ha dicho, puede haber muchos tipos de lazos entre los nodos. La investigación multidisciplinar ha mostrado que las redes sociales operan en muchos niveles, desde las relaciones de parentesco hasta las relaciones de organizaciones a nivel estatal (se habla en este caso de Redes políticas), desempeñando un papel crítico en la determinación de la agenda política y el grado en el cual los individuos o las organizaciones alcanzan sus objetivos o reciben influencias.

En su forma más simple, una red social es un mapa de todos los lazos relevantes entre todos los nodos estudiados. Se habla en este caso de redes “sociocéntricas” o “completas”. Otra opción es identificar la red que envuelve a una persona (en los diferentes contextos sociales en los que interactúa); en este caso se habla de “red personal”.

La red social también puede ser utilizada para medir el capital social (es decir, el valor que un individuo obtiene de los recursos accesibles a través de su red social). Estos conceptos se muestran, a menudo, en un diagrama donde los nodos son puntos y los lazos, líneas.